Arqueología del presente
Museo de Bellas Artes Cuba, Habana
2025


Pieza en dialogo con Barca egipcia,
parte de la colección permanente del
Museo de Bellas Artes, La Habana
Cuba. 2025
Después de una travesía interminable llegan las piezas de Xavier Mascaró al Museo Nacional de Bellas Artes. Su arribo a puerto cubano no es en plan conquistador, le interesa conocer este contexto de raigambre española, africana y china. Somos una nación conformada a través de un mestizaje sin precedentes en la región. La obra de Mascaró se aleja de las narrativas históricas para impugnar el conocimiento como configuración exclusiva del canon europeo y occidental. La mirada de este artista está sujeta a una vida personal que lo ha hecho un nómada del arte: París, Barcelona, Nueva York o Ciudad de México han ido modelando una mitología que se remonta a los orígenes de la civilización. No podemos actuar en el presente e imaginar el futuro si no tenemos conciencia clara del lugar de donde venimos. Pudiera parecer un asunto saldado por las vanguardias europeas del siglo XX, sin embargo, esta expoliación simbólica debe ser revisitada para situarnos en el justo momento que vivimos.
​
Mascaró sustenta su investigación en el estudio de culturas ancestrales como la cicládica, que gravita alrededor del mar Egeo y requiere de un análisis profundo sobre su real aporte al desarrollo de la humanidad; se detiene en lo que significó la antigua Babilonia para entender el pensamiento científico; apunta hacia el legado del Egipto faraónico y revisita el mundo etrusco. Un pretexto que nos alerta sobre las distorsiones de ese concepto de belleza heredado durante años bajo el condicionamiento de patrones grecorromanos, concebidos para alimentar el fascismo cultural y mediático. La segregación estética ya no tolera el envejecimiento, es racista, misógina, antropocéntrica y niega los niveles de equidad entre los diferentes ecosistemas que confluyen en el planeta.
​
El tema de la mujer es asunto recurrente en la obra de este creador, aparece representado en sus esculturas a través de las reinas nubias, conocidas como Kandake, ellas gobernaron en el sur de Egipto, al norte de Sudán. Estas monarcas ejercieron el poder junto a hombres y muchas veces solas; sus secuencias sanguíneas hizo posible que reinaran bajo un matriarcado. Mantuvieron por años el empuje de una regencia que encaminó sus luchas hacia el sostenimiento de un territorio que logró detener y derrotar las invasiones romanas. Mascaró utiliza estas antiguas leyendas para reafirmar el empoderamiento femenino al desmontar el estigma del llamado sexo débil que las estructuras patriarcales intentaron circunscribir a las labores domésticas.
​
Para este creador el material es primordial; disfruta el modo en que el hierro brota de la tierra como resultado de los enterramientos propios de la fundición, siente la emergencia del metal convertido en ese cuerpo que resucita dentro den una tumba sagrada. Le seduce lo apacible del bronce, la inestabilidad del hierro, la refracción de la luz con ese toque etéreo y fresco que conserva el aluminio, admira la capacidad de conducción de las energías eléctricas que apreciamos en el cobre. Las reacciones de todos estos elementos son parte de esa mitología propia que va delineando a través de su obra. Asimismo, es esencial en su trabajo el uso de la máscara para hacer evidente esas dinámicas ocultas entre la presencia y la ausencia. Este atuendo tiene un largo pedigrí en los anales de la historia, es una manera de acercarnos a lo divino, de transgredir nuestra identidad e interpretar diferentes roles; es un modo de mitigar nuestras carencias y dejar al descubierto la dificultad que tenemos para autodefinirnos como sujetos. Cada una de estas formas en las piezas de Xavier Mascaró se repite, con sed infinita, en el intento de alcanzar la imagen individual. Advierte que solo vemos multitud donde existen diferencias.
​
Las maquetas que produce se destrozan como si las azotara el paso del tiempo, sus estructuras son huecas, no ocultan las oquedades que se abren entre los diferentes puntos de soldadura, ellas son como fósiles encontrados de civilizaciones milenarias. Le interesa crear una sintaxis que juegue con el caos y la acumulación. En sus obras no hay nada terminado, incorpora los errores que puedan existir en su concepción. Somos parte de una génesis inacabada, nos reconstruimos a través de pequeños fragmentos que se destacan en el modo en que el artista organiza sus instalaciones. Una de las piezas implicadas en este comentario es Guardianes, que resalta por su solemnidad, como si sus personajes cuidaran un patrimonio oculto, sin desentrañar.
​
En el año 2024 Xavier Mascaró participa en una exposición titulada Forever is Now que se hizo en la meseta de Giza, Egipto. Su instalación estuvo compuesta por varias embarcaciones —suerte de émulos de aquellas que servían para transportar a los faraones hacia esa otra vida celestial que debe ocurrir después de su muerte— funcionó como un site specific en diálogo entre el presente y lo eterno. El paso efímero de la vida humana en la tierra es contrastado con el poder atemporal de esas pirámides; ellas han demostrado que la eficacia estética responde a un régimen de desconexión entre la función político-social de un icono y la recepción sensible de un espectador que asume con libertad su momento íntimo con uno de los monumentos más emblemáticos de la arquitectura a nivel internacional. Las barcas de Xavier Mascaró son un viaje que lleva el dolor del éxodo provocado por la colonización, la esclavitud y perviven en esas estructuras flotantes ad hoc convertidas en el medio de escape de las poblaciones que experimentan el drama de la sobrevivencia en el Sur Global.
​
Cuando comenzamos a preparar esta muestra quise que el artista viera una pieza de un caris especial dentro de la colección de arte egipcio de nuestro museo. Me refiero a Modelo de Barca Funeraria, hecho en madera policromada y que pertenece al Imperio Medio, Dinastía XI – XIV. La sorpresa de este descubrimiento lo inspiró a crear una escultura inédita para este proyecto curatorial. La nueva embarcación de Xavier Mascaró retoma ese periplo infinito entre los vivos y los muertos. Este recorrido se sueña en el Nilo, atraviesa el Golfo de México para anclar en el misterio de una isla que navega a contracorriente en medio de la tormenta.
​
Jorge Antonio Fernández Torres
.jpg)


